¿Dónde están las mujeres? Las trampas de la igualdad formal

La Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE) ha iniciado a principios de diciembre una campaña de recogida de firmas titulada “Por un Tribunal Constitucional igualitario” para que, en el próximo nombramiento con el que se renovarán a las 4 personas designadas por parte del Senado para formar parte del Tribunal Constitucional (TC), estas sean mujeres. Según el artículo 159 de la Constitución Española (CE, en adelante) el TC está compuesto por 12 miembros propuestos por el Congreso, por el Senado, por el Gobierno y por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), y elegidos entre Magistrados y Fiscales, Profesores de Universidad, funcionarios públicos y Abogados, todos ellos juristas de reconocida competencia con más de 15 años de ejercicio profesional -antes de continuar, para despejar dudas, quiero señalar que, efectivamente, en este caso, las mujeres tenemos que interpretar que el masculino plural nos está incluyendo-. Siendo estos los requisitos, con la de mujeres que tienen que cumplirlos, ¿por qué esta campaña?

En la iniciativa de la AMJE se está pidiendo el cumplimiento de dos artículos concretos: el 14. 1[1] y el 4.[2] de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (Ley de Igualdad, en adelante), en relación con el artículo 14 de la CE[3] -derecho a la igualdad-. Vivimos en un país cuya Constitución lo define como un Estado social y democrático de Derecho en el que la igualdad es uno de los valores superiores de su ordenamiento jurídico. Tenemos la fortuna de contar con el artículo 9 de la CE, por el que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas, y remover los obstáculos que impidan y dificulten su plenitud. Por supuesto, también tenemos la ya mencionada Ley de Igualdad. Parecería que, con toda esta legislación favorable a la igualdad entre mujeres y hombres, España se podría decir un país feminista, igualitario, cuyas instituciones y poderes se toman al pie de la letra y en serio estas disposiciones, que para algo están ¿no?

Parecería que las estructuras de poder, que son patriarcales, con toda esta legislación elaborada, ya no podrían jugar a ser, como escribió Clara Campoamor en 1936 un “diosecillo dispensador de la ley, la justicia o la merced” respecto a las mujeres y sus derechos… Que no nos ciegue, como sociedad que aspira a una igualdad real entre mujeres y hombres, el haber conseguido la igualdad formal porque con ello no está todo hecho. Que no os ciegue, personas que entendéis que el feminismo ya no es necesario, porque todavía queda una barbaridad por hacer.

Seguir leyendo en Tribuna Feminista.

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